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Las despedidas son de esos dolores dulces…

“No pocas veces ya he dicho adiós; conozco las horas desgarradoras de la despedida”, Friedrich Nietzsche y Juan Román Riquelme, a priori, no encuentran un ensamble posible. Filosofo y futbolista, excéntrico y controvertido, talento y revolución… las barreras parecen difuminarse en un personaje reservado, misterioso… y admirado.
El `10`, entre gambetas y asistencias, ha intercalado éxitos deportivos… y también, polémicas. Su personalidad, frontal y contestataria, no fue diseñada para la conformación actual del fútbol… Incomprendido por muchos, forjó su carrera a destiempo y, como interprete de vanguardia, será reconocido con el paso de la historia.

Riquelme, tildado de apátrida por renunciar a la selección argentina en dos oportunidades, terminó desterrado en su propia tierra. Tal como rezan las historias bíblicas, así como Adán debió abandonar el paraíso por intrépido, el `10`fue despojado “del patio de su casa”: La Bombonera. El vaciamiento existencial, según dijo, no le permitirá seguir en Boca, quizás tampoco en el fútbol… y el fútbol ha de sentirse vacío sin Riquelme.

El final, conocido e irreversible. Previsible, por cierto. Riquelme no seguirá en Boca, se siente vacío para salir al patio de su casa y divertirse. Sin libertad, sin alegría, en su ideología del juego, el futbol no tiene sentido. Román se va de Boca, quizás también del fútbol.  El fútbol se queda sin el `10`, el último `10` será recordado cuando pase la conmoción como debe ser recordado: entre lujos y festejos.

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